Debajo de la Ciudad de Buenos Aires hay un universo hídrico que consiste en nueva arroyos y 1.800 kilómetros de desagües pluviales alimentados por 40 mil sumideros.
Un verdadero mundo que, en caso de tormentas, puede aflorar de la peor manera: inundaciones. ¿Cómo refrenar la ira acuática? La clave es hacer un monitoreo continuo y en tiempo real. Ése es el objetivo de los 45 sensores que están instalados en 30 puntos de la ciudad.
La iniciativa comenzó hace tres años cuando el Gobierno de la Ciudad decidió “hacer un proyecto para comprender qué pasaba con las lluvias, por qué había zonas que se inundaban” , explicó a Infobae Jorge Haran, vicepresidente de Preventa de BGH Partner.
Los sensores están en diferentes ductos, que sirven para saber qué caudal de agua hay en las cañerías. También se encuentran ubicados en las estaciones meteorológicas para medir la cantidad de lluvias, la presión atmosféricas y la velocidad de los vientos, entre otras variables.
Esta información va dirigida, en primer lugar, a la Dirección General de Sistema Pluvial que reúne y procesa todos esos datos. “Luego se dirige a Desarrollo Urbano para que decidan si hace falta hacer más obras o tuberías, o si hace falta dejar de construir en una zona”, detalla Haran.
Finalmente hay una tercera pata que tiene que ver con crear alertas de emergencias. “Cuando la tormenta tiene características muy fuertes, se puede emitir un preaviso para hacer una prevención”, concluye el especialista.
Este proyecto es parte del avance de las ciudades inteligentes o smart cities, donde se emplea el seguimiento continuo para prevenir y generar soluciones a diferentes cuestiones que afectan la vida diaria de los ciudadanos.
Así, se emplean cámaras de seguridad para detectar infracciones; se usan sensores para saber cuáles son los espacios disponibles para estacionar en la ciudad; se instalan dispositivos que permiten hacer trámites digitales o se activan aplicaciones para facilitar las denuncias de violencia doméstica.
Los usos son innumerables. Las ciudades van camino a convertirse en verdaderas plataformas digitales.
Por Desiree Jaimovich


























