¿Qué es el cilicio?

El instrumento encontrado en un convento de monjas en Entre Ríos data de los primeros tiempos del cristianismo. Aunque con el tiempo se fue modernizando y adaptando a otros contextos.

El cilicio. Tal vez muchos saben de su existencia por el libro “El código Da Vinci”. O por la película que está basada en este best-seller planetario de Dan Brown. Aunque en las últimas horas comenzó a sonar porque durante un allanamiento en un convento en Nogoyá, Entre Ríos, se encontraron varios cilicios y fustas con las que las religiosas aparentemente se auto-flagelaban.

No hay registros que indiquen cuando comenzó a usarse exáctamente este instrumento. Pero fue hace siglos y en esos primeros tiempos adoptaba la forma de una vestidura áspera -hecha con metal o con pelo de animal- que se cargaba como penitencia. En la Edad Media su uso se incrementó y en la edad moderna tomó su diseño actual.

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El cilicio se coloca en los muslos o en los brazos y provoca marcas, pero contra lo que muchos creen -después de ver “El Código Da Vinci”- no hace sangrar.

En la actualidad su uso no es masivo dentro de la comunidad católica. Sí lo aceptan los Cartulos y las Carmelitas Descalzas y también el Opus Dei. “Algunos miembros célibes del Opus Dei usan el cilicio. Se trata de una pequeña cadena de metal ligero, con puntas, que se lleva alrededor del muslo. El cilicio es incómodo –si no lo fuera, no tendría razón de ser–, pero de ningún modo entorpece las normales actividades de una persona, ni mucho menos conlleva derramamiento de sangre”, asegura Michael Barrett del Opus Dei, donde algunos miembros lo utilizan hasta dos horas por día.

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* Una escena de “El código Da Vinci”

Para Barret, la molestia que causan estos instrumentos es “poca cosa” y se pueden comparar a las que implica el ayuno. “No producen sangre, ni heridas, ni nada que dañe a la salud personal o que resulte traumático. Si provocaran daño, la Iglesia no los permitiría”.

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Muchos de los santos y beatos más conocidos han usado el cilicio. Desde Francisco de Asís hasta San Ignacio de Loyola o la madre Teresa de Calcula. “La penitencia y la mortificación son una parte pequeña pero esencial de la vida cristiana”, asegura.

En círculos sadomasoquistas también recurren al cicilio, en este caso para provocar dolor y aumentar la sensación de placer. Se hacen de manera artesanal y con diferentes diseños.