Cada vez más cerca de la vacuna contra el Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer es cada vez más frecuente. Cuenta con 7,5 millones de diagnósticos nuevos cada año.

Detener el alzhéimer se ha convertido en algo urgente. Esta enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales sigue acrecentando sus cifras, sobre todo en los países de Occidente.

Ahora, nuevo y esperanzador estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Flinders (Australia), junto a otros colegas del Instituto de Medicina Molecular y la Universidad de California (EE.UU.), nos acerca al desarrollo de una vacuna contra esta enfermedad.

La vacuna en cuestión puede dirigirse de forma específica contra las proteínas beta-amiloide y proteínas tau, que se acumulan en grandes cantidades en el cerebro y son las principales responsables de la enfermedad de Alzheimer. Sus progresos evidencian que podría prevenir e incluso revertir las enfermedades neurodegenerativas como el párkinson, el kuru, la enfermedad de Huntington o el alzhéimer.

Los científicos, que han llevado a cabo sus experimentos con roedores, han combinado dos vacunas en una: la primera, actuaría sobre la proteína beta-amiloide de forma específica; la segunda, incidiría sobre las proteínas tau.

“Esencialmente lo que ocurre en las personas que contraen la enfermedad de Alzheimer o la demencia es que tienen una gran cantidad de estas proteínas desglosadas en el cerebro”, explica Nikolai Petrovsky, líder del trabajo.

Esta remedio contra las enfermedades neurodegenerativas ha sido bautizado con el nombre de MultiTEP y, como vemos, haría que estas proteínas no provocaran problemas a nivel cerebral.

“Este estudio sugiere que podemos vacunar a los pacientes en las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer o incluso a personas saludables en riesgo, usando nuestra vacuna anti-beta-amiloide y, si la enfermedad progresa, entonces vacunar con otra contra vacuna -tau para aumentar la eficacia”, aclara Petrovsky.

La vacuna podría comenzar sus ensayos en humanos en unos tres años y podría administrarse a pacientes sanos de unos 50 años para evitar su aparición o cortar de raíz el avance ante sus primeros síntomas.